En educación como en el médico: “coma más veces pero menos cantidad”

thiel fellowship

Hace pocos días, en una conversación con un amigo, nos preguntábamos cuanto se podría aprender tomando un sabático de un año y contando además de un presupuesto equivalente a un 20% de lo que cuesta cualquier MBA de elite. Es decir, pongamos unos 15,000 euros. Esta idea no es una locura surgida de una comida con mucho vino (de hecho, sólo había agua y agua con gas) y de hecho es un concepto que empieza a proliferar en el ámbito de la higher education. Hace unos años, Peter Thiel, legendario emprendedor forjado en PayPal, lanzó el Thiel Fellowship, un programa que dota con una beca de $100,000 a estudiantes en edad universitaria para que precisamente no vayan a la universidad, y en cambio inviertan el tiempo en investigar su propia área de interés, contando con un ecosistema de recursos educativos y mentorship que Peter Thiel ha creado. Al final de su trayectoria, cada “fellow” tiene que demostrar su capacidad de impacto real en la sociedad, por ejemplo mediante la creación de su propia start-up. Uno de los “fellows” de Peter Thiel, Dale J. Stephens, creó UnCollege, un programa que permite a estudiantes universitarios construir su propio sabático (gap year) con una programación totalmente personalizada de objetivos académicos, experienciales y de emprendeduría. Esta tendencia es absolutamente normal es un contexto en el que la educación se ha “despaquetizado” (unbundled education), como ya explicamos en este post. La digitalización rompe el esquema tradicional, lineal y secuencial de la educación. Un esquema fundamentado en que instituciones educativas “empaquetan” una oferta de contenidos y lo venden a estudiantes y familias, o a participantes y empresas, incorporando una “prima” por el valor de la reputación de la marca educacional en cuestión. Como la digitalización permite reproducir una unidad adicional de contenido a coste cero, el crecimiento de la oferta de contenidos educativos se reproduce a nivel exponencial, y el mejor contenido en cada ámbito o especialización se hace accesible para todo el mundo. En este contexto, los jugadores “incumbentes”, las universidades o business schools tradicionales, pueden adaptarse y redefinir el tipo de valor que aportan, pero no tiene porqué. Puede que no reaccionen, fruto de las inercias internas que no les permiten pivotar hacia una nueva dirección. Lo que sí es seguro es que este es el contexto ideal para que nuevos jugadores irrumpan en el escenario, ya que el contenido educativo es ahora abierto y crece exponencialmente. Como el conocimiento es ahora abundante, el valor está más en la “curación” del contenido, y eso en realidad es lo que hacen en UnCollege o en el Thiel Fellowship. Este tipo de contexto nos plantea la pregunta de si en un entorno tan cambiante, “los tiempos” y los formatos en los que se mueve la educación tradicional (por ejemplo, un grado más el master toma entre 4 y 6 años, un MBA entre 1 y 2 años, etc…) seguirán siendo los mismos en los próximos años. Quizás nos interesará más acortar “los tiempos” de cada programa pero formarse un mayor número de veces a lo largo de la vida. Me recuerda a aquel típico consejo del médico a su paciente: “coma más veces durante el día pero en cantidades menores”, así “tendrá mejores digestiones y se sentirá mejor”. ¿Estamos preparados para digerir todo lo que se enseña en los formatos tradicionales y en la forma como se sirven los platos?

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